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TIEMPOS DE GUERRA

Desde que cayó el muro de Berlín, el mundo occidental creyó estar ya libre de grandes amenazas. El gran enemigo, el gigante comunista, ahogado en sus propios despropósitos, se había rendido a los encantos del mundo libre, del mundo de las hamburguesas, de los perritos calientes, de Mickey Mouse , y de la cocacola. Comenzaba una etapa aparentemente dulce, inquietada solamente por los problemas cercanos, pero vividos desde la lejanía, de los Balcanes y de Oriente Medio. Con un Irán casi domesticado, y un Irak acorralado. Una etapa en la que las aventuras sexuales del presidente Clinton, acapararon las mayores preocupaciones del mundo occidental. Etapa del pensamiento único, del crepúsculo de las ideologías, en la que el fundamentalismo ultraliberal, no ha tenido competidores, y en la que el becerro de oro del mercado sin fronteras y sin frenos ha abotargado las mentes, mientras que a través de la pequeña pantalla hemos contemplado sobrecogidos, las escenas de un llamado tercer mundo, envuelto en guerras, desastres naturales y epidemias, y hundido en la mas profunda de las miserias. Escenas lejanas, de las que nos creíamos protegidos detrás de una urna de que rodeaba nuestro “paraíso” de las libertades, del consumismo, del bienestar y de una acomodada seguridad.

El 11 de Septiembre, pudimos contemplar, incrédulos y temerosos, también a través de la pequeña pantalla, como esta urna era destrozada, y los mayores símbolos de la opulencia y del poder del mundo occidental, liderado por EEUU, caían hechos añicos, en medio de una terrible pérdida de vidas humanas. Y junto con ellos caía también pulverizada la seguridad del “paraíso”. Y aunque alguno de nosotros tengamos la tentación de refugiarnos de nuevo tras la pequeña pantalla, apiadándonos de los americanos, desde la necia lejanía de pensar que el infierno es para los demás, la urna de seguridad se cayó para todos. Alguien dijo que la paz es el tiempo en el que se hacen tonterías y despropósitos, y la guerra es el tiempo en el que estos se pagan. Bien, pues ha llegado el tiempo de la guerra, y todos estamos en ella, aunque alguien diga que ya ha terminado, porque todos somos culpables en mayor o menor grado de esas tonterías y despropósitos. Aunque casi siempre paguen más los que menos culpa tienen. Y un loco, un fanático, un frío y cruel visionario, como tantos otros a lo largo de la historia de la humanidad, lidera una de las partes en conflicto. Y no está solo. Las masas de gentes oprimidas y pobres de algunos países musulmanes son un magnífico caldo de cultivo para reclutar seguidores, cegados por la profunda miseria, por el hambre, por la marginación, que buscan la salvación, y que la desesperación los pone en manos de un peligroso “salvador”. Ya lo estamos viendo en Pakistán, en Palestina, en la India, en Indonesia, etc. No, esto no es una enfermedad aguda, que aparece bruscamente en un organismo anteriormente sano. Es una enfermedad crónica que ha dado la cara de forma terrible y lacerante. Es la crónica de un estallido anunciado. Por supuesto que hay que luchar contra el terrorismo y el fanatismo. Por supuesto que hay que ser intolerante con la intolerancia. Por supuesto que hay que defender hasta el final la libertad y la democracia. Pero si el modelo comunista fracasó estrepitosamente en la construcción de un mundo igualitario, el modelo neoliberal también ha fracasado, generando terribles injusticias y diferencias entre un mundo inmensamente rico y otro inmensamente pobre. Ha sido un modelo generador de grandes riquezas, pero a su vez de enormes y catastróficas miserias. Ha sido un modelo basado en la ley del más fuerte, creando un mundo inviable.

Son tiempos de guerra, pero deberían de ser tiempos a su vez de profundas reflexiones. Es más fácil hacer la guerra que la paz. ¿Será posible, que por una vez  esta guerra nos sirva de lección?. Decía un refugiado, Salim Jabran: “El sol atraviesa las fronteras sin que le disparen los soldados”. ¿Cuándo los seres humanos podremos hacer como el sol?. ¿Cuando la paz dejará de ser una tregua para la guerra?. ¿Cuándo la Imaginación de John Lennon, será realidad?. ¿No tenemos suficientes problemas con ser mortales y frágiles?. ¿Cuándo dejaremos de buscarnos más problemas, de los que desde nuestra propia debilidad como humanos hemos de afrontar?. Luchemos contra el terrorismo, sí. Luchemos contra el fanatismo, sí. Pero luchemos también contra nuestro propio egoísmo. Democracia, sí. Libertad, sí. Pero para todos y con el esfuerzo de todos. Entonces los locos fanáticos, como Osama Bin Laden, Hitler y otros, serán solamente eso, locos, que simplemente habría que cuidar, tratar e integrar, para que dejaran de estar terriblemente solos. La democracia y la libertad se defienden mucho mejor con la equidad y la solidaridad que con los misiles. Trabajemos para que cuando estos se callen, lo hagan para siempre, porque todos podamos haber comprendido por fin cual es origen de nuestros problemas.

MANUEL LUCAS MATHEU

 

 

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